El autismo como un caleidoscopio: una mirada a la neurodivergencia

El autismo como un caleidoscopio: una mirada a la neurodivergencia

El día 2 de abril se conmemora el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo. Es un día clave para reflexionar sobre la diversidad neurológica y para alejarnos de las etiquetas rígidas que suelen acompañar al espectro autista. En lugar de verlo como una línea con extremos (de “leve” a “severo”), quiero invitarte a imaginarlo como un caleidoscopio: un conjunto de colores, formas y patrones únicos que cambian según cómo se mire.

Más allá de una única visión:

Un caleidoscopio no tiene una única imagen estática. Cada giro revela una nueva combinación de colores y estructuras, todas diferentes, pero igualmente válidas. Así es el espectro autista: no hay dos personas con autismo iguales, ni una única forma de experimentar el mundo desde la neurodivergencia.

Algunas personas pueden tener una percepción sensorial intensificada, donde los sonidos o las luces se sienten como un espectáculo de fuegos artificiales constante. Otras pueden encontrar consuelo en la repetición y la estructura, como si cada patrón del caleidoscopio les diera un orden dentro del caos. Hay quienes destacan en la lógica, la creatividad, la memoria o la empatía profunda, aunque muchas veces se piense lo contrario.

Rompiendo el mito de la “gravedad”:

A menudo, el autismo se describe en términos de “gravedad”, como si fuera una escala lineal. Sin embargo, la metáfora del caleidoscopio nos ayuda a comprender que cada persona en el espectro tiene diferentes combinaciones de fortalezas y desafíos. No es cuestión de “más” o “menos” autismo, sino de cómo cada individuo experimenta y se relaciona con su entorno.

Alguien puede tener dificultades en la comunicación verbal pero una sensibilidad artística extraordinaria. Otra persona puede necesitar apoyo en ciertas áreas del día a día pero sobresalir en pensamiento analítico. Cada combinación es única y válida, y no hay una única forma de ser autista.

Hacia una sociedad más neuroinclusiva:

Si vemos el mundo desde la lente del caleidoscopio, comprendemos que la neurodiversidad no es algo que deba “corregirse” o encajar en un molde estándar. Más bien, es una invitación a ampliar nuestra perspectiva y a crear entornos donde todas las formas de percibir y experimentar el mundo sean respetadas y valoradas.

En el Día del Autismo, hagamos un esfuerzo por dejar atrás etiquetas limitantes y enfoques reduccionistas. En su lugar, abracemos la diversidad de patrones y colores que componen la experiencia humana. La inclusión no se trata solo de aceptar a las personas con autismo, sino de reconocer que cada mente aporta una pieza valiosa a este gran mosaico que llamamos sociedad.

Porque, al final, el caleidoscopio solo funciona cuando todas sus piezas están juntas.

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